Las restricciones por edad amenazan los derechos de expresión de todos los usuarios de internet

En el fondo, la legislación restrictiva por edad es un régimen de censura dañino disfrazado de medida de seguridad online. Pero es importante saber que este tipo de mandatos no solo afecta a los jóvenes. Al fin y al cabo, para restringir el acceso a un grupo etario específico, las plataformas tienen que exigirle a cada usuario que demuestre que tiene la edad suficiente para entrar. 

Hay millones de adultos en EE.UU. que podrían quedar efectivamente excluidos de gran parte de internet por medidas draconinas de verificación de edad, simplemente porque no tienen un documento de identidad oficial vigente. Muchas otras personas, entre ellas personas sin estatus migratorio, personas sin hogar, personas trans y no binarias, y sobrevivientes de violencia, tienen razones válidas para mantener su identidad real separada de su vida online. Las restricciones por edad arriesgan convertir enormes partes de la web en espacios cerrados solo para los "verificados", cortando el acceso a expresión protegida e información vital.

Estas leyes también le entregan a los gobiernos el poder de decidir arbitrariamente qué discurso es "dañino". Esas definiciones suelen ser vagas, subjetivas y acientíficas, lo que lleva a las plataformas a sobrecensurar contenido (o a cerrar por completo) para evitar sanciones. De hecho, ya hemos visto cómo plataformas en EE.UU. y en otros países responden a los mandatos de verificación de edad censurando o bloqueando cosas como recursos LGBTQ+, información sobre salud reproductiva, noticias internacionales, y espacios de organización política. 

En EE.UU., el anonimato es un pilar fundamental de la libertad de expresión. En todo el mundo, ha protegido a periodistas, denunciantes y activistas. Pero las leyes de verificación de edad amenazan con vincular tus datos más sensibles e inmutables —tu nombre, tu cara, tu fecha de nacimiento y tu domicilio— a tu actividad online, destruyendo tu anonimato en el proceso

Bloquear comunidades o recursos enteros por su contenido temático no hace que internet sea más seguro; al contrario, silencia a las personas que dependen de esos espacios online para obtener apoyo vital, educación o seguridad.