Todos queremos que la juventud esté segura, pero la verificación de edad definitivamente no es la solución mágica para la seguridad en línea de las personas jóvenes que los reguladores y las corporaciones quieren hacernos creer. 

Primero, los mandatos de verificación de edad reducen la seguridad que brinda la privacidad en línea.

Durante décadas, con razón les hemos enseñado a las personas jóvenes esta regla sencilla: no compartir información personal con desconocidos. Pero las leyes de verificación de edad van en contra de esta norma histórica de seguridad en internet, al exigir que las personas usuarias entreguen su verdadero nombre, su verdadero rostro, pruebas reales de su identidad real, y en algunos casos, incluso la identidad de sus padres o madres, solo para usar servicios en línea básicos. Estos mandatos harán más difícil distinguir entre servicios legítimos y estafas, abriendo nuevas oportunidades para el fraude y el robo de identidad. Si a las personas adultas ya les cuesta notar la diferencia, ¿cómo podemos esperar que a nuestros hijos e hijas, cuyos datos son todavía más valiosos para quienes roban datos, les vaya mejor? 

Segundo, los mandatos de verificación de edad amenazan la seguridad que brinda fortalecer la autonomía de las personas jóvenes y permitirles un acceso amplio a información importante.

Las personas jóvenes en todo el mundo tienen derecho a la libertad de expresión. En Estados Unidos, esto significa que su derecho a acceder a información y a comunicarse con otras personas está protegido por la Primera Enmienda. Cortarle a la juventud el acceso a internet no solo borra sus voces y perspectivas importantes, sino que también podría afectar su desarrollo, su capacidad de formar relaciones fuera de línea y su autonomía. Después de todo, las redes sociales no son solo para entretenimiento; también ofrecen un espacio para que las personas jóvenes exploren su identidad, ya sea creando y compartiendo arte, practicando su religión, o participando en política. Bloquear a nuestra juventud el acceso a estos espacios tan diversos les quita oportunidades de desarrollarse como individuos, de participar en la vida pública, y de encontrar seguridad en comunidades en línea que los apoyan y a las que no siempre pueden acceder en el mundo físico. 

Tercero, es imposible definir qué es "apropiado" para todas las personas menores de 18 años.

Cada persona joven es distinta, moldeada por su familia, su entorno cultural y su nivel de madurez. Tiene poco sentido tratar de la misma forma a todas las personas menores de 18 años, ya que lo que es "apropiado" para un niño o niña de 6 años no es lo mismo que para alguien de 17. Sin embargo, los mandatos de verificación de edad suelen tratar a toda la juventud por igual, borrando ese matiz tan importante.

Al final, son las familias, y no los legisladores ni las empresas tecnológicas, quienes están en mejor posición para guiar de manera significativa la vida en línea de sus hijos e hijas

Las conversaciones abiertas y honestas con las personas jóvenes sobre privacidad, seguridad y alfabetización digital son medidas de seguridad mucho más efectivas que las restricciones generalizadas de verificación de edad, que le entregan esas decisiones tan importantes al gobierno. Y para quienes sí desean algo de ayuda digital para guiar el uso de internet de sus hijos e hijas, ya existen numerosos controles parentales disponibles que pueden usar para personalizar casi cualquier nivel de la experiencia de sus hijos, sin necesidad de obligar a todo internet a mostrar una identificación en la puerta.