Actualización del 10 de septiembre de 2025: Bluesky anunció hoy que implementará medidas de verificación de edad en Dakota del Sur y Wyoming para cumplir con las leyes de esos estados. Bluesky continúa bloqueando el acceso en Mississippi. 

Los legisladores suelen vender los mandatos de verificación de edad como una solución mágica frente a los daños causados por las grandes tecnológicas, pero en la práctica, estas leyes no logran controlar a los gigantes tecnológicos. En cambio, terminan aplastando a las plataformas más pequeñas que no pueden absorber sus costos exorbitantes. Hemos visto este patrón repetirse en varios lugares de EE. UU. y del mundo, y es claro: las leyes de verificación de edad afianzan el dominio de las grandes tecnológicas, mientras sacan de línea por completo a comunidades más pequeñas como Bluesky y Dreamwidth. 

Caso de estudio: lo sentimos, Mississippi, no podemos costearte

En el verano de 2025, cuando entró en vigor la ley de verificación de edad de amplio alcance de Mississippi, H.B. 1126, las plataformas sociales Bluesky y Dreamwidth decidieron bloquear a todos los usuarios de Mississippi en sus servicios, en lugar de arriesgarse a recibir fuertes multas bajo el opresivo mandato de verificación de edad del estado. 

Bluesky fue la primera plataforma en hacer el anuncio. En una
publicación de blog, Bluesky condenó el amplio alcance de la H.B. 1126, sus barreras a la innovación y sus implicaciones para la privacidad, explicando que la ley obliga a las plataformas a hacer que todos los usuarios de Bluesky en Mississippi entreguen información personal sensible y se sometan a verificaciones de edad para acceder al sitio, o de lo contrario enfrentarían multas millonarias. Como señaló Bluesky, esta dinámica afianza a las grandes plataformas tecnológicas ya establecidas mientras asfixia la innovación y la competencia que benefician a las personas usuarias. En cambio, Bluesky decidió cortar por completo el acceso a los usuarios de Mississippi hasta que los tribunales decidan si anulan la ley. 

Cerca de una semana después, vimos un anuncio similar de Dreamwidth, una comunidad en línea de código abierto parecida a LiveJournal, donde las personas usuarias comparten escritura creativa, fanfiction, diarios y otras obras. En su publicación, Dreamwidth explicó que también tendría que recurrir al bloqueo de las direcciones IP de todos los usuarios en Mississippi, ya que no podía costear las fuertes multas. 

Dreamwidth escribió que incluso una sola multa de $10,000 dólares sería difícil de asumir para ellos, pero que la estructura real de sanciones, calculada por usuario y por incidente, representaba una amenaza existencial. El servicio también expresó temor de que su participación en la demanda contra Mississippi lo dejara particularmente expuesto a represalias, una muestra clara del efecto disuasivo (chilling effect) de este tipo de leyes. Para Dreamwidth, bloquear por completo a los usuarios de Mississippi fue la única forma de sobrevivir. 

Los mandatos de verificación de edad no frenan a las grandes tecnológicas: las afianzan

Quienes defienden la verificación de edad afirman que estos mandatos harán que las grandes empresas tecnológicas rindan cuentas por su influencia desmedida, pero en realidad ocurre lo contrario. Como vemos en el caso de Mississippi, los mandatos de verificación de edad concentran y consolidan el poder en manos de las empresas más grandes, las únicas con los recursos suficientes para construir sistemas de cumplimiento costosos y absorber multas potencialmente millonarias. Mientras megacorporaciones como Google (con YouTube) y Meta (con Instagram) ya están experimentando con inquietantes nuevas tecnologías de estimación de edad en sus plataformas sociales, sitios más pequeños como Bluesky y Dreamwidth simplemente no pueden asumir esos riesgos. 

Ya hemos visto cómo se desarrolla esto en el Reino Unido. Cuando entró en vigor la Ley de Seguridad en Línea (Online Safety Act), plataformas como Reddit, YouTube y Spotify implementaron medidas de verificación de edad amplias (y extremadamente engorrosas), mientras que sitios más pequeños, incluyendo foros de discusión sobre crianza, vida sustentable y videojuegos en Linux, se vieron obligados a cerrar. Un ejemplo es el Hamster Forum, "el hogar de todo lo relacionado con los hámsters", que anunció en marzo de 2025 que la OSA lo obligaría a cerrar sus foros comunitarios. En su lugar, se pidió a los usuarios que migraran a Instagram, con este melancólico mensaje: que aunque no sería lo mismo de ninguna manera, al menos podrían seguirse mutuamente, enviarse mensajes, ver las publicaciones de cada quien y seguir compartiendo sus fotos y novedades sobre sus hámsters. 

Cuando las plataformas más pequeñas inevitablemente ceden ante la presión financiera de estos mandatos, las personas usuarias terminan regresando a los gigantes de las redes sociales.

Esto ilustra perfectamente el impacto en el mercado de las leyes de verificación de edad en línea. Cuando las plataformas más pequeñas inevitablemente ceden ante la presión financiera de estos mandatos, las personas usuarias terminan regresando a los gigantes de las redes sociales. Estas enormes empresas, las que sí pueden costear sistemas caros de verificación de edad y no temen unas cuantas multas de $10,000 dólares mientras resuelven cómo cumplir la ley, terminan obteniendo más negocio, más tráfico y más poder para censurar a las personas usuarias y violar su privacidad. 

Esta consolidación de poder es un sueño hecho realidad para las plataformas de las grandes tecnológicas, pero es una pesadilla para las personas usuarias. Mientras las megacorporaciones obtienen más tráfico y muchísimos más datos de sus usuarios (es decir, más ganancias), las personas usuarias se quedan con muchas menos opciones de comunidad y con una máquina de vigilancia corporativa insípida en lugar de una esfera pública vibrante. El internet del que todos nos enamoramos es un lugar diverso y colorido, lleno de innovación, conexión y oportunidades únicas para la expresión personal. Ese internet, nuestro internet, vale la pena defenderlo.