Para algunas personas, las leyes de verificación de edad pueden sonar sencillas: proteger a los jóvenes en línea haciendo que todos comprueben su edad. Pero, en la práctica, estos mandatos obligan a las personas usuarias a someterse a uno de dos sistemas defectuosos: verificación obligatoria de identificación o escaneos biométricos, y ambos son profundamente discriminatorios. Estas propuestas cargan el peso sobre el derecho de todos a expresarse y acceder a información en línea, y excluyen estructuralmente justamente a quienes más dependen de internet. En resumen, aunque estas leyes suelen aprobarse con la intención de proteger a la niñez de posibles daños, en realidad terminan perjudicando tanto a personas adultas como a la niñez. 

A continuación, quiénes resultan afectados y de qué manera: 

1.  Las personas adultas sin identificación quedan excluidas

La verificación basada en documentos asume que todo el mundo cuenta con la identificación correcta, con el nombre correcto, en la dirección correcta. Alrededor de 15 millones de personas adultas ciudadanas de EE. UU. no tienen licencia de conducir, y 2.6 millones no cuentan con ninguna identificación oficial con fotografía emitida por el gobierno. Otros 34.5 millones de personas adultas no cuentan con una licencia de conducir o identificación estatal que refleje su nombre y dirección actuales.

En concreto:

  • 18% de las personas adultas afrodescendientes no tienen licencia de conducir.
  • Las personas afrodescendientes e hispanas tienen menos probabilidades, de forma desproporcionada, de contar con licencias vigentes.
  • Las personas migrantes indocumentadas a menudo no pueden obtener identificaciones estatales ni licencias de conducir.
  • Las personas con discapacidad tienen menos probabilidades de contar con identificación vigente.
  • Las personas de menores ingresos enfrentan mayores barreras para mantener identificaciones válidas.

Algunas leyes permiten que las plataformas soliciten documentos financieros, como tarjetas de crédito o registros hipotecarios, como alternativa. Pero esto tampoco resuelve el problema, ya que casi el 35% de las personas adultas en EE. UU. tampoco son propietarias de vivienda, y cerca del 20% de los hogares no tienen tarjetas de crédito. Las personas migrantes, sin importar su estatus legal, también pueden verse imposibilitadas de obtener tarjetas de crédito u otra documentación financiera.

2.  Las comunidades racializadas enfrentan tasas de error más altas

Las plataformas que dependen de sistemas de estimación de edad basados en IA suelen usar una selfie tomada con la cámara web para calcular la edad de las personas usuarias. Pero estos algoritmos no funcionan igual de bien para todo el mundo. Diversas investigaciones han demostrado sistemáticamente que son menos precisos con personas de ascendencia afrodescendiente, asiática, indígena y del sudeste asiático; que con frecuencia clasifican erróneamente a estas personas adultas como menores de 18 años; y que a veces tardan más en procesar la información, generando un acceso desigual a los espacios en línea. Esto refleja el sesgo racial ampliamente documentado en las tecnologías de reconocimiento facial. El resultado es que los sesgos inherentes de la tecnología pueden impedir que las personas se expresen en línea o accedan a lo que otros expresan.

3.  Las personas con discapacidad enfrentan más barreras

Los mandatos de verificación de edad afectan con particular dureza a las personas con discapacidad. Los sistemas de reconocimiento facial fallan sistemáticamente en reconocer rostros con diferencias físicas, lo que afecta a un estimado de 100 millones de personas en el mundo que viven con diferencias faciales, y la "detección de vida" ("liveness detection") puede excluir a personas con movilidad limitada. A medida que estas tecnologías se convierten en guardianas del acceso a los espacios en línea, las personas con discapacidad se ven cada vez más excluidas de servicios y plataformas esenciales, sin procesos de apelación específicos que tomen en cuenta la discapacidad.

Los sistemas basados en documentos tampoco resuelven este problema: como se mencionó antes, las personas con discapacidad también tienen menos probabilidades de contar con licencias de conducir vigentes, por lo que las tecnologías de verificación de edad basadas en documentos resultan igual de excluyentes.

4.  Las personas trans y no binarias quedan en riesgo

Las tecnologías de estimación de edad tienen peor desempeño con personas transgénero y no pueden clasificar géneros no binarios en absoluto. Para el 43% de las personas transgénero en Estados Unidos que carecen de documentos de identidad que reflejen correctamente su nombre o género, la verificación de edad las coloca ante una decisión imposible: presentar documentos con su nombre anterior ("dead name") y marcadores de género incorrectos, exponiéndose potencialmente en el proceso, o perder por completo el acceso a las plataformas en línea, un riesgo que nadie debería verse obligado a asumir solo para usar redes sociales o acceder a contenido legal.

5.  El anonimato se convierte en una víctima más

Los sistemas de verificación de edad son, en esencia, sistemas de vigilancia. Al exigir la verificación de identidad para acceder a servicios básicos en línea, corremos el riesgo de crear un internet donde el anonimato sea cosa del pasado. Para las personas que dependen del anonimato para estar seguras, esto es un problema grave. Las sobrevivientes de violencia doméstica necesitan mantenerse en el anonimato para esconderse de sus agresores, quienes podrían rastrearlas a través de su actividad en línea. Periodistas, activistas y denunciantes usan habitualmente el anonimato para proteger a sus fuentes y organizarse sin enfrentar represalias o vigilancia gubernamental. Y en países bajo regímenes autoritarios, el anonimato suele ser la única forma de acceder a recursos prohibidos o compartir información sin ser silenciados. Los sistemas de verificación de edad que exigen identificaciones oficiales o datos biométricos eliminarían estas protecciones, dejando expuestas a las personas más vulnerables.

6.  Los jóvenes pierden acceso a información esencial 

Debido a que las normas de verificación de edad impuestas por los estados bloquean a los jóvenes de las redes sociales o les exigen obtener permiso de sus padres antes de iniciar sesión, pueden privar a las personas menores de edad de acceso a información importante sobre su salud, sexualidad y género. Muchos estados de EE. UU. exigen una educación sexual basada únicamente en la abstinencia, lo que convierte a internet en un recurso clave para la educación y el autodescubrimiento. Pero las leyes de verificación de edad pueden terminar bloqueando el acceso de los jóvenes a esa información esencial. Y esto no se trata solo de pornografía, sino también de educación sexual, recursos de salud mental, e incluso obras literarias importantes. Algunos estados y países podrían comenzar a perseguir contenido que consideren "dañino para menores", lo que podría incluir desde libros sobre salud sexual hasta arte, historia e incluso novelas galardonadas. Y hay que decirlo con claridad: estas leyes suelen usarse para atacar cualquier cosa que desafíe determinadas narrativas políticas o culturales, desde materiales educativos diversos hasta contenido que simplemente incluya temas de sexualidad o diversidad de género. Lo que comienza como una "protección" para la niñez fácilmente podría convertirse en un movimiento de censura en toda regla, bloqueando contenido que en realidad es vital para el desarrollo, la educación y el bienestar de las personas menores de edad. 

Esto también resulta especialmente perjudicial para las familias que practican la educación en casa (homeschooling), que dependen de internet para investigar, tomar cursos en línea y presentar exámenes. Para muchas de estas personas, internet es fundamental tanto para su educación como para su vida social. También es crucial para la salud mental de quienes reciben educación en casa, ya que muchas de ellas ya enfrentan situaciones de aislamiento. Las leyes de verificación de edad restringirían el acceso a recursos esenciales para su educación y bienestar.

7.  La juventud LGBTQ+ pierde salvavidas fundamentales

Para muchos jóvenes LGBTQ+, especialmente quienes tienen familias que no los apoyan o que son abusivas, internet puede ser un salvavidas. Para las personas jóvenes que enfrentan rechazo familiar o violencia debido a su sexualidad o identidad de género, las redes sociales suelen ofrecer un acceso crucial a redes de apoyo, recursos de salud mental y comunidades que afirman su identidad. Los sistemas de verificación de edad que exigen el consentimiento parental amenazan con cortarles el acceso a estos apoyos esenciales. 

Cuando los padres deben dar su consentimiento o supervisar las cuentas de redes sociales de sus hijos, la juventud LGBTQ+ que carece de apoyo familiar pierde estas conexiones vitales. La juventud LGBTQ+ también tiene una probabilidad desproporcionadamente mayor de no contar con vivienda y de carecer de identificación o consentimiento parental, lo que profundiza aún más su marginación. 

8.  La juventud en sistemas de acogida queda completamente excluida

Los proyectos de ley de verificación de edad que exigen consentimiento parental no toman en cuenta a las personas jóvenes en sistemas de acogida (foster care), especialmente aquellas que viven en hogares grupales sin tutores legales que puedan dar su consentimiento, o con familias de acogida temporales que no pueden comprobar su tutela. Estos sistemas terminan excluyendo a algunas de las personas jóvenes más vulnerables del acceso a plataformas y recursos en línea que podrían necesitar con urgencia.

9.  Todos nuestros datos personales quedan en riesgo

Un sistema de verificación de edad también genera riesgos graves de privacidad tanto para personas adultas como para jóvenes. Exigir que las personas usuarias suban información personal sensible (como identificaciones oficiales o datos biométricos) para verificar su edad crea serios riesgos de privacidad y seguridad. Bajo estas leyes, las personas usuarias no simplemente mostrarían su identificación por un momento, como se hace al ingresar a una licorería, por ejemplo. En cambio, tendrían que entregar su identificación a empresas externas, lo cual genera serias dudas sobre quién recibe, almacena y controla esos datos. Una vez subida, esta información personal podría quedar expuesta, ser manejada de forma indebida o incluso filtrarse, como ya hemos visto con filtraciones de datos anteriores. Los sistemas de verificación de edad no son ajenos a este tipo de filtraciones: empresas como AU10TIX y plataformas como Discord han sufrido filtraciones de datos de alto perfil, exponiendo la información más sensible de sus usuarios durante meses o incluso años. 

Cuantos más lugares atraviesa un dato personal, mayor es la probabilidad de que se use de forma indebida o sea robado. Las personas usuarias quedan con muy poco control sobre su propia privacidad una vez que entregan estos datos inmutables, lo que convierte a este enfoque de verificación de edad en un riesgo serio de robo de identidad, chantaje y otras violaciones a la privacidad. La niñez ya es un blanco frecuente del robo de identidad, y estos mandatos, de forma perversa, aumentan el riesgo de que resulten perjudicados.

10.  Todos nuestros derechos a la libertad de expresión son atropellados

Internet es la plaza pública de nuestros tiempos: el principal espacio donde las personas se reúnen para compartir ideas, organizarse, aprender y construir comunidad. Incluso la Corte Suprema de EE. UU. ha reconocido que las redes sociales están entre las herramientas más poderosas que tiene la gente común para hacerse escuchar.

Los sistemas de verificación de edad inevitablemente bloquean a algunas personas adultas del acceso a discurso legítimo, mientras permiten que algunas personas menores de 18 años logren pasar de todos modos. Debido a que estos sistemas son tanto sobreinclusivos (bloquean a personas adultas) como subinclusivos (no logran bloquear a personas menores de 18 años), restringen el discurso lícito de formas que violan la Primera Enmienda. 

En resumen

Los mandatos de verificación de edad crean barreras según raza, discapacidad, identidad de género, orientación sexual, estatus migratorio y clase socioeconómica. Si bien estos requisitos amenazan la privacidad y la libertad de expresión de todas las personas, recaen con más fuerza sobre las comunidades que ya enfrentan obstáculos estructurales.

Internet es esencial para la forma en que las personas se expresan, aprenden y participan en la vida pública. Cuando el acceso depende de tecnología defectuosa o de documentos difíciles de obtener, no solo generamos una molestia para las personas usuarias: profundizamos las desigualdades existentes y silenciamos a quienes más necesitan estas plataformas. Como se ha explicado, cada uno de los métodos disponibles (estimación facial de edad, verificación de documentos, registros financieros o consentimiento parental) excluye o perjudica sistemáticamente a las poblaciones marginadas. La verdadera pregunta no es si estos sistemas discriminan, sino hasta qué punto lo hacen.