Las personas usuarias siempre buscan tener más control sobre su experiencia en las redes sociales para mejorarla, ya sea para proteger mejor su privacidad o para tener más flexibilidad. La interoperabilidad entre plataformas de redes sociales como Facebook y TikTok tiene tantos beneficios que podría resolver esos problemas.
Imagina que estás en varias plataformas porque tienes amigos a quienes sigues en distintas redes, pero has decidido quedarte solo con una que tenga mejores prácticas de privacidad. Con interoperabilidad, podrías cambiarte y aun así seguir interactuando con tus amigos que permanecen en las plataformas más grandes. Esto también podría abrirle paso a aplicaciones independientes con mejores controles de privacidad y más opciones para las personas usuarias. Estas son las posibilidades sin explotar que podrían beneficiar a las personas usuarias en la Unión Europea bajo la Ley de Mercados Digitales de 2022 (DMA).
Sin embargo, la Comisión Europea, en su primera revisión de la DMA, anunció en abril que había decidido no extender el mandato de interoperabilidad de la DMA a las redes sociales, y tampoco dio una fecha límite ni un cronograma para hacer cumplir esa parte de la ley. La Comisión afirmó que "no hay una demanda clara" por parte de las personas usuarias y las empresas para la interoperabilidad entre redes sociales y que, en cualquier caso, en este momento resulta demasiado compleja desde el punto de vista técnico. Mientras tanto, las grandes plataformas tecnológicas, que llevan dos años retrasando deliberadamente la interoperabilidad y levantando toda clase de obstáculos para las personas usuarias que buscan más libertad para elegir otras plataformas, quedan libres de responsabilidad.
Esto es una gran decepción y una oportunidad desperdiciada por parte de la Comisión. La interoperabilidad elimina una de las barreras más grandes que enfrentan las personas usuarias que quieren dejar las plataformas de las grandes tecnológicas: tener que elegir entre cambiarse a la plataforma que prefieren o quedarse atrás en una plataforma donde están todos sus amigos, comunidades y clientes.
La DMA, que entró en vigor en 2024, busca ampliar las opciones para las personas usuarias de la Unión Europea y fomentar la competencia y la innovación al obligar a las llamadas plataformas gatekeeper (o "guardianas de acceso"), como Meta, Apple y Google, a abrir sus ecosistemas a la competencia. La regulación hace mucho para fomentar la integración de servicios y dispositivos de la competencia con los ecosistemas de las plataformas en línea muy grandes que actúan como guardianas de acceso. Incluso exige interoperabilidad para los servicios de mensajería, a pesar de los importantes desafíos técnicos y de privacidad que esto implica.
Por eso resulta extraño que la Comisión use la complejidad como excusa para no abordar la interoperabilidad de las redes sociales. Internet ya funciona sobre sistemas interoperables complejos. Ya existen enfoques como ActivityPub, el protocolo de red descentralizado detrás del "Fediverso", que dio origen a redes descentralizadas como Mastodon. La DMA no debería exigir un protocolo específico, pero sí puede exigir resultados concretos de interoperabilidad.
El argumento de que no existe una demanda real de interoperabilidad entre redes sociales tampoco se sostiene. Las personas usuarias quieren poder moverse entre plataformas, elegir el contenido que desean ver en ellas, y no quedar atadas a una sola. Pero no hay forma de lograrlo: las plataformas hacen muy poco por abrir sus ecosistemas de redes sociales. Y ahora resulta que el propio organismo encargado de hacer cumplir la DMA dice que no las va a obligar a cambiar. La demanda de alternativas no va a surgir a gran escala hasta que las personas usuarias vean avances reales hacia la interoperabilidad, algo que la Comisión sí tiene el poder de lograr.
Tras concluir que hay poca demanda y demasiada complejidad para avanzar con un mandato de interoperabilidad entre redes sociales, la Comisión dijo que "va a seguir monitoreando y evaluando cómo evolucionan estos servicios". Esta postura de esperar y ver solo perjudica a las personas usuarias y fortalece y afianza aún más a las grandes tecnológicas ya establecidas.
Se supone que la DMA debe girar en torno a los derechos de las personas que usan tecnología y ser el camino hacia una experiencia de internet en la que tú decides qué software corre en tus dispositivos, en la que es fácil encontrar los mejores productos y servicios, y en la que puedes dejar una plataforma por otra mejor sin tener que renunciar a tus relaciones sociales.
Mientras tanto, las grandes tecnológicas también se resisten a los requisitos de apertura de la DMA. Por ejemplo, se supone que Apple debe abrir los dispositivos iOS a tiendas de aplicaciones de la competencia. Sin embargo, el plan del gigante de los teléfonos inteligentes para abrir su App Store impone tarifas abusivas y condiciones onerosas a quienes desarrollan aplicaciones, y en la práctica resulta imposible de usar para cualquier competidor.
Apple no es la única que se resiste a que se cumpla la DMA. La respuesta de Meta ha sido un sistema de "pagar por privacidad", en el que las personas usuarias que no dan su consentimiento para que Meta las vigile deben pagar para usar el servicio, o quedar bloqueadas de él. Todavía está bajo revisión si su plan cumple con la DMA.
En ninguna parte de la DMA se dice que las empresas de redes sociales puedan instalar una caseta de peaje para las personas usuarias que buscan beneficiarse de los derechos de privacidad que la regulación les otorga. La futura Ley de Equidad Digital de la UE es otra oportunidad para proteger a las personas usuarias de estas prácticas, al declararlas injustas.
La Comisión ha respondido a estos hechos con investigaciones, resoluciones preliminares y multas. Mientras tanto, las personas usuarias siguen sin poder acceder a más opciones y flexibilidad en la forma en que se comunican y se conectan en línea.












