Solo días después de que un demoledor informe de WIRED revelara que Meta había incorporado silenciosamente código de tecnología de reconocimiento facial (TRF) en millones de teléfonos, el gigante tecnológico ha cedido discretamente ante las exigencias de dar marcha atrás.
La semana pasada, investigadores identificaron código en Meta AI, una aplicación complementaria para su línea de gafas inteligentes, que podía convertir imágenes de rostros en firmas biométricas únicas para identificar a desconocidos en espacios públicos. El Threat Lab de EFF verificó estos hallazgos mediante análisis estático, y recordó a los consumidores que lo piensen dos veces antes de comprar o usar las gafas de vigilancia de Meta.
Con la misma discreción con que Meta incorporó este código, la actualización del 5 de junio de la aplicación parece haber eliminado silenciosamente todas esas funciones y sistemas. Desaparecieron la tecnología de reconocimiento facial, el código destinado a activar alertas de "Persona reconocida", y los modelos de aprendizaje automático y bases de datos diseñados para detectar, digitalizar y almacenar las firmas biométricas de las personas con quienes interactúan los usuarios.
Cuando WIRED dio a conocer la noticia la semana pasada, los ejecutivos de Meta salieron inmediatamente a la defensiva. Sin embargo, sus acciones hablan más que sus tuits: menos de 48 horas después de que el público se enterara de sus planes, Meta lanzó discretamente una actualización para eliminar casi todo rastro del sistema TRF de su aplicación.
Pero esta silenciosa eliminación de código no equivale a un cambio de postura permanente. Meta ya utilizó anteriormente el reconocimiento facial, y solo lo abandonó después de enfrentar las consecuencias legales y económicas. Ahora la empresa se ha negado a responder las consultas de WIRED sobre si planea reinstaurar el sistema NameTag en el futuro, o qué hizo con los datos que pudo haber recopilado durante las pruebas internas.
Hay miles de millones de razones para no convertir a los clientes de Meta en una máquina de vigilancia distribuida. Este comportamiento errático demuestra exactamente por qué no podemos depender de la "buena voluntad" de las grandes tecnológicas para proteger nuestros derechos digitales. Necesitamos leyes de privacidad del consumidor sólidas y aplicables, que incluyan un derecho de acción privada que permita a las personas comunes demandar a las empresas que vulneren su privacidad biométrica.
Aunque ganamos esta batalla, las ambiciones de Meta en materia de TRF probablemente no van a desaparecer. La EFF seguirá vigilando.







