Si quieres derrocar a las grandes tecnológicas (Big Tech), necesitarás la Sección 230. El cambio de paradigma que se está construyendo con la web social abierta (Open Social Web) puede devolver a las comunidades el control de la infraestructura de las redes sociales y, finalmente, acabar con nuestra dependencia de gigantes corporativos deteriorados. Pero, mientras que estas empresas dominantes pueden superar demandas multimillonarias, la revolución de los pequeños servidores podría ser eliminada uno por uno sin las protecciones que ofrece la Sección 230.

El internet tal como lo conocemos está construido sobre la Sección 230, una ley de los años 90 que en términos generales establece que los usuarios de internet son legalmente responsables de su propio discurso, no los servicios que alojan dicho discurso. El propósito de la Sección 230 era permitir foros diversos para el discurso en línea, lo cual definió los inicios de internet. Desde entonces, estas comunidades en línea dispersas han sido capturadas en gran medida por un puñado de empresas multimillonarias que encontraron rentabilidad en controlar tu voz en línea. Si bien los críticos están, con razón, preocupados por esta nueva influencia y vigilancia corporativa, algunos consideran que debilitar la Sección 230 es la opción nuclear para recuperar el control. 

El problema es que eso sería un gran regalo para las grandes tecnológicas, y perjudicial para nuestra mejor oportunidad de socavar realmente el control corporativo y estatal del discurso en línea. 

Destronar a las grandes tecnológicas

Estamos hartos de que las redes sociales tradicionales nos atrapen en jardines vallados, donde las empresas más grandes del mundo, como Google y Meta, son las que mandan. Nuestras comunidades y nuestras voces son rehenes mientras las plataformas de los multimillonarios nos vigilan, traicionan, y censuran. No estamos solos en esta frustración y, afortunadamente, hay personas colaborando a nivel mundial para construir un nuevo camino a seguir: la web social abierta. 

Esta nueva infraestructura prioriza el interés público al reclamar los principios de interoperabilidad y descentralización de los inicios de internet. En resumen, antepone los protocolos a las plataformas y permite que las personas sean dueñas de sus conexiones con los demás. Ya sea que elijas una aplicación del fediverso como Mastodon o una aplicación de ATmosphere como Bluesky, tu audiencia y tu comunidad se mantienen a tu alcance. Es una visión de las redes sociales similar a nuestras vidas fuera de línea: tú decides con quién estar en contacto y cómo, y ninguna autoridad central puede amenazar con extinguir esas conexiones. Son redes sociales para humanos, no para anunciantes y autoritarios.

Detrás de esa visión hay un hermoso caos de protocolos que dan vida a las redes sociales abiertas. Cada protocolo es un lenguaje único para las aplicaciones, que determina cómo y dónde se envían los mensajes. Si bien esto significa que hay una gran variedad en estos proyectos, también significa que cualquiera que ponga en marcha un servidor, desarrolle una aplicación o aloje el discurso de otros de alguna otra manera, tiene mucho en juego a la hora de defender la Sección 230.

¿Qué es exactamente la Sección 230?

La Sección 230 protege la libertad de expresión en línea al proteger a los intermediarios estadounidenses que hacen que internet funcione. Aprobada en 1996 para preservar las nuevas y efervescentes comunidades en línea, la Sección 230 consagró importantes protecciones para la libertad de expresión y la capacidad de bloquear o filtrar el discurso que no deseas en tu sitio. A una parte de ella se le atribuye el mérito de ser «las 26 palabras que crearon internet»:

«Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o el emisor de ninguna información proporcionada por otro proveedor de contenido de información». 

En otras palabras, esta ley bipartidista reconoce que el discurso en línea depende de intermediarios —servicios que entregan mensajes entre los usuarios— y que considerarlos potencialmente responsables de cualquier mensaje que entreguen solo sofocaría dicho discurso. Intuitivamente, cuando se produce un discurso dañino, el emisor debería ser el responsable. El efecto es que la mayoría de las demandas civiles contra usuarios y servicios basadas en el discurso de otros pueden desestimarse rápidamente, evitando las partes más costosas de los litigios civiles. 

Sin embargo, la Sección 230 nunca fue una licencia para alojar cualquier cosa en línea. No protege a las empresas que crean contenido ilegal o dañino. La Sección 230 tampoco protege a las empresas de las demandas por propiedad intelectual

Lo que la Sección 230 ha permitido es la libertad y la flexibilidad para que las comunidades en línea se autoorganicen. Sin el fantasma de que un mal actor exponga al anfitrión (o anfitriones) a graves amenazas legales, los intermediarios pueden moderar como lo consideren conveniente, o incluso delegar en voluntarios dentro de estas comunidades.

Por qué la web social abierta necesita la Sección 230

El superpoder de los sistemas descentralizados como el fediverso es la capacidad de miles de pequeños anfitriones para asumir cada uno una parte de la carga del alojamiento. Ningún sitio individual puede imponerse como un intermediario necesario para todos; en cambio, todos deben colaborar para garantizar que los mensajes lleguen a la audiencia prevista. El resultado es algo superior a cualquier diseño o mandato único. Es un ecosistema que es mayor que la suma de sus partes, resistente a las interrupciones y que permite la libre experimentación con diferentes enfoques de gobernanza comunitaria.

Sin embargo, la kriptonita de la web social abierta es la responsabilidad legal a la que pueden enfrentarse los participantes como intermediarios. Un mayor potencial de responsabilidad legal conlleva más interferencia de intereses poderosos en forma de amenazas legales, mayores costos monetarios y menos espacio para matices en la moderación. Y, en la práctica, los participantes pueden simplemente dejar de alojar para evitar esos riesgos. El resultado final es que solo las opciones más grandes y con más recursos pueden sobrevivir.

Esto no se trata solo de los anfitriones en la web social abierta, como las instancias de Mastodon o los PDS de Bluesky. En EE. UU., las protecciones de la Sección 230 se extienden a los usuarios de internet cuando distribuyen el discurso de otra persona. Por ejemplo, la Sección 230 protege a un usuario que reenvía un correo electrónico con una declaración difamatoria. En la web social abierta, eso significa que cuando transmites un mensaje a otros al compartirlo, impulsarlo y citarlo, no eres responsable del discurso del otro usuario. La alternativa sería una web donde un solo clic en falso podría exponerte a una demanda por difamación.

La Sección 230 también se aplica a la pila de infraestructura, como los proveedores de servicios de internet, las redes de distribución de contenido y los proveedores de dominios o alojamiento. Las protecciones se extienden incluso a las nuevas infraestructuras experimentales de redes de malla descentralizadas.

Más allá de los riesgos existenciales para la viabilidad de los proyectos descentralizados independientes en los Estados Unidos, debilitar las protecciones de la Sección 230 también empeoraría los servicios. Poder personalizar tu experiencia en las redes sociales, desde una altamente curada hasta una de total laissez-faire en la web social abierta, solo es posible cuando la ley permite espacio para experimentos privados en enfoques de moderación. El flujo incesante impulsado por algoritmos que los anticuados gigantes de las redes sociales imponen a los usuarios está impulsado por los intereses financieros de los anunciantes, y solo estaría controlado de manera más estricta en un mundo posterior a la Sección 230.

En defensa de la Sección 230

Las leyes dirigidas a cambiar las protecciones de la Sección 230 colocan a los proyectos descentralizados como la web social abierta en una posición singularmente precaria. Es por eso que instamos a los legisladores a que evalúen con cuidadosa consideración estos impactos. También es la razón por la cual los promotores y creadores de una web mejor deben ser firmes defensores de las herramientas legales que hacen posible su trabajo. 

La web social abierta encarna lo que estamos protegiendo con la Sección 230. Es nuestra mejor oportunidad para construir una internet de interés público verdaderamente democrática, donde las comunidades tengan el control.