Uno de los grandes baluartes contra el monopolio es la interoperabilidad, es decir, lograr que un producto o servicio nuevo funcione con un producto o servicio existente. La interoperabilidad permite que sean las personas usuarias, y no los fabricantes de sus dispositivos ni el actor más grande de un mercado, quienes decidan qué aplicación les conviene más. No sorprende que empresas como Apple hayan trabajado arduamente para resistirse a los requisitos de interoperabilidad.
El 8 de julio, el Tribunal General de la Unión Europea (Tribunal General) falló en contra de Apple en varios casos que la empresa había presentado contra la Comisión Europea (casos acumulados), confirmando las obligaciones de la empresa bajo la Ley de Mercados Digitales (DMA, por sus siglas en inglés). Apple argumentó en estos casos que debería quedar exenta de los requisitos de la ley, especialmente en lo relativo a la interoperabilidad, por varios motivos. Celebramos la decisión del Tribunal General y felicitamos a Free Software Foundation Europe (FSFE), así como a otras organizaciones que intervinieron en apoyo de la Comisión frente al intento de Apple de eludir sus responsabilidades, asegurando así una competencia justa en los mercados europeos.
Un avance positivo para Europa
Se trata de una victoria clara y sustancial para las personas desarrolladoras y usuarias en Europa. El control absoluto que ejerce Apple sobre su "jardín amurallado" perjudica tanto a desarrolladores como a usuarios e investigadores. Al confirmar las obligaciones de Apple bajo la DMA, el Tribunal General ha garantizado que los desarrolladores tendrán más opciones sobre dónde publicar sus aplicaciones, y que los usuarios contarán con más alternativas para obtener aplicaciones que, por la razón que sea, no son del agrado de Apple. Asimismo, los investigadores enfrentarán menos obstáculos y trabas al estudiar los sistemas operativos de Apple, en particular iOS, iPadOS y watchOS.
Apple sostiene que los requisitos de interoperabilidad la obligarán a reducir los estándares de seguridad que han llevado a los usuarios de sus productos a confiar en sus dispositivos. Si bien esta lógica interesada no carece por completo de fundamento, está lejos de ser el resultado inevitable. En particular en lo que respecta a la App Store, se puede ofrecer a los usuarios una elección clara e informada al momento de salir del ecosistema de Apple para obtener aplicaciones en otros lugares. Aunque instamos a los tribunales europeos a tomar en serio las preocupaciones de seguridad de Apple, ya hemos señalado anteriormente que esto no debería usarse como cortina de humo para proteger comportamientos anticompetitivos.
La interoperabilidad y la seguridad no son, por naturaleza, incompatibles. Cuando la funcionalidad interoperable se incorpora desde el inicio al modelo de seguridad de una plataforma, es posible lograr un equilibrio adecuado entre dos fuerzas que a menudo se presentan, de manera errónea, como naturalmente opuestas. Si bien las plataformas de Apple no se construyeron así desde el principio, esto sigue siendo posible, aunque requiere más tiempo para hacerlo bien. Aquí, el problema está en los detalles de la implementación.
Los argumentos de Apple y la respuesta del Tribunal
Bajo la DMA, la designación de "guardián de acceso" (gatekeeper) está reservada para las empresas más grandes de la Big Tech, aquellas que prestan servicios considerados esenciales para que las empresas lleguen a los usuarios finales. Apple es una de solo siete empresas que cumplen con esta designación, junto con Alphabet, Amazon, Booking, ByteDance, Meta y Microsoft. En su caso, Apple argumentó que el Artículo 6(7) de la DMA, que establece los requisitos de interoperabilidad para las guardianas de acceso con el fin de restablecer la competencia justa, es ilegal a la luz de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (específicamente el derecho de propiedad), y que, por lo tanto, su designación como guardiana de acceso sujeta a dichos requisitos es ilegal y debería anularse. En su fallo, el Tribunal General rechazó este argumento, ya que el Artículo 6(7) no constituye la base legal de la designación.
Por otro lado, Apple argumenta que la App Store no cumple con los requisitos que definen un servicio básico de plataforma (CPS, por sus siglas en inglés), dado que las distintas tiendas (en iOS, iPadOS, watchOS y macOS) no constituyen una sola plataforma. La condición de guardiana de acceso de una empresa depende de que esta preste un CPS que funcione como una puerta de entrada importante para que las empresas lleguen a los usuarios finales. Aquí, las implicaciones del argumento son claras: si se elimina la designación de un servicio como CPS, se elimina también la condición de guardiana de acceso. El tribunal rechazó el argumento señalando que "independientemente del dispositivo en el que estuviera disponible, cada una de las App Stores se utilizaba con el mismo propósito, a saber, intermediar entre los usuarios finales y los usuarios comerciales en la distribución de aplicaciones y contenido digital dentro de las aplicaciones".
Finalmente, el tribunal desestimó por inadmisible el argumento de Apple de que iMessage no debería clasificarse como un servicio de comunicación interpersonal independiente de la numeración (NIICS, por sus siglas en inglés) que constituya un CPS. Esta decisión se basó en el hecho de que la "clasificación no produce, por sí misma, efectos jurídicos vinculantes que modifiquen la posición legal de Apple", dado que iMessage no figuraba como una "puerta de entrada importante" en la decisión de designación y, por lo tanto, no estaba sujeto a las obligaciones de la DMA.
Al fallar en contra de Apple y a favor de la Comisión Europea, el Tribunal General ha sentado un precedente importante para garantizar la equidad competitiva y la apertura en el mercado digital. Los efectos históricos de la DMA beneficiarán a toda la ciudadanía europea gracias a la libertad de elección que les otorga. A pesar de los desafíos legales de la Big Tech, estas decisiones construyen una base sólida para un futuro digital mejor, una lección que otras regiones deberían aprender y tener en cuenta.



