La semana pasada, dos tribunales federales de apelaciones emitieron fallos que permitirán a Florida y Georgia empezar a aplicar leyes que impondrán restricciones por edad e impedirán a los jóvenes acceder a las redes sociales. Estas leyes no respetan adecuadamente el derecho de los menores a jugar, expresarse y aprender en línea. Y, en el fondo, no ayudan a que los jóvenes estén seguros en internet, que es un objetivo que los legisladores sí deberían perseguir.

¿Te topaste con una restricción por edad? Escríbele a la EFF a agegates@eff.org. 

Debido a las nuevas leyes, algunos jóvenes perderán la posibilidad de acceder a información legal, encontrar sus comunidades en línea e incluso comunicarse con los miembros de su junta escolar. Otros necesitarán el permiso de sus padres para seguir en línea. Y los adultos enfrentarán más exigencias para demostrar su edad, lo que pondrá su privacidad en mayor riesgo solo para seguir usando los servicios que ya usan. 

Nos opusimos a estas leyes porque amenazan la libertad de expresión y la privacidad tanto de menores como de adultos.  Aunque estos litigios no han terminado, se levantaron las medidas cautelares que suspendían su aplicación, y los estados de Florida y Georgia podrán ahora imponer amplias restricciones al uso de redes sociales. 

Las restricciones que estos estados empezarán a aplicar son un retroceso para los derechos de todos los usuarios de internet, pero no están escritas en piedra. Por eso la EFF anima a los usuarios de internet -y en particular a los jóvenes– a empezar a llevar un registro de cómo les afectan. Si eres adolescente y pierdes acceso a una conversación en línea, no puedes participar en una campaña política o dejas de buscar información porque no quieres subir datos personales, documenta lo que pasó. Lo mismo vale para los adultos a quienes las verificaciones de edad bloqueen por error y para los padres que encuentren obstáculos para autorizar el uso de servicios en línea por parte de sus hijos. Estas experiencias importan. Pueden ayudarnos a mostrar a los tribunales, a los responsables de políticas públicas y al público lo que realmente les cuestan las restricciones gubernamentales a la expresión en línea a quienes viven bajo ellas. 

Con suficientes pruebas de los daños que estas leyes causan a la libertad de expresión, esperamos poder presionar a los legisladores para que las deroguen. Por eso animamos a las personas a contactar a la EFF una vez que hayan documentado esos daños. Puedes escribirnos sobre este tema a la dirección agegates@eff.org. 

Los fallos

Estos dos fallos, emitidos por el mismo panel del Tribunal de Apelaciones del Undécimo Circuito de EE. UU., permiten a Florida y Georgia aplicar restricciones a las cuentas de redes sociales de personas menores de 16 años. Los requisitos varían según el estado. 

En Florida, los jueces permitieron que avanzara la ley H.B. 3 de ese estado, que obliga a las plataformas afectadas a prohibir que cualquier menor de 14 años abra o mantenga una cuenta, incluso con permiso de sus padres. Los adolescentes de 14 o 15 años solo pueden tener cuentas con consentimiento parental. Para quedar comprendida, una plataforma tiene que usar algoritmos, permitir subir contenido o ver el contenido de otras personas, y tener al menos una de las funciones de una lista que el estado considera perjudiciales, entre ellas las transmisiones en vivo, las métricas de interacción, la reproducción automática, el desplazamiento infinito o las notificaciones push. En la práctica, estos requisitos se aplican a todos los grandes servicios de redes sociales que usan los jóvenes.

Si el fallo sobre la ley de Florida tiene algo positivo, es que el panel reconoció que la H.B. 3 apunta a una expresión protegida por la Primera Enmienda. El problema es que el fallo acepta sin cuestionarla la idea de que un servicio de redes sociales es adictivo en sentido clínico, aunque solo el 10 % de sus usuarios menores de 16 años use la plataforma dos horas o más al día (el criterio que fija la H.B. 3). El tribunal simplemente acepta que el tiempo en línea es un indicador de daño. La ley no distingue entre el doomscrolling o el uso compulsivo y organizar una campaña, hacer arte o conversar con amigos. 

En Georgia, ahora puede aplicarse la ley S.B. 351. Esa ley exige el consentimiento parental para que cualquier menor de 16 años tenga una cuenta en plataformas de redes sociales. También obliga a las plataformas a hacer “esfuerzos comercialmente razonables” para verificar la edad de los usuarios, lo que crea un obstáculo tanto para los adultos como para los menores de 16. 

El fallo reconoce que la S.B. 351 “se aplica de manera abrumadora a plataformas que alojan de manera abrumadora expresión protegida”. Pero reprocha a los demandantes no haber podido demostrar que “las aplicaciones inválidas superan sustancialmente a las válidas”. Eso exige a los grupos que impugnan la ley cumplir un estándar prácticamente imposible: para sostener su caso, tendrían que medir y evaluar el contenido alojado por todos los servicios en línea afectados por la ley. 

Ambos casos podrían apelarse nuevamente y es probable que continúen en los tribunales inferiores. Pero las personas en Georgia y Florida ya no pueden contar con medidas cautelares que protejan su acceso a la web. Los efectos a partir de ahora dependerán de cómo implementen las plataformas estas nuevas restricciones, incluida la forma en que verifiquen la edad y el consentimiento parental, así como de la opinión de los funcionarios estatales sobre esos esfuerzos. 

Si te topas con una restricción por edad en línea, consulta nuestro artículo sobre cómo podrías proceder y nuestro centro de recursos sobre restricciones por edad. Si quieres contar tu experiencia, puedes escribirnos a agegates@eff.org.

Lo que se pierde

Algunos jóvenes que pierdan sus cuentas de redes sociales perderán el contacto con sus amigos. Otros perderán el acceso a un grupo de apoyo, la posibilidad de opinar sobre temas de actualidad o un público para su obra artística. Más jóvenes quedarán excluidos de las conversaciones sobre lo que pasa en su escuela y en su comunidad. La legislación de EE. UU. reconoce desde hace mucho tiempo que las personas menores de 18 años tienen sus propios derechos a expresarse y a recibir información. Estas nuevas leyes interfieren con esos derechos. 

El fallo de Florida sugiere que los jóvenes pueden navegar por internet sin una cuenta o usar la de uno de sus padres. Pero eso no sirve a quienes podrían participar en un grupo privado, enviar un mensaje personal o dirigirse a un público que han construido. Tampoco reconoce la realidad de que, en muchos hogares, los jóvenes quizá no puedan usar el dispositivo de sus padres, o ni siquiera tengan una relación sana con ellos. Para los padres de menores de 14 años, la ley de Florida también anula la autonomía parental: aunque quisieran permitir que su hijo use estos servicios, la ley no se lo permite. 

Estas leyes no solo perjudicarán a los más jóvenes. Los adultos y los adolescentes mayores cargarán con el costo de las nuevas reglas. Para determinar quién es demasiado joven para registrarse, o quién necesita consentimiento parental para hacerlo, los servicios tendrán que verificar la edad de los usuarios. Eso probablemente implique pedir a las personas que presenten un documento de identidad u otra información sensible. Algunas personas serán clasificadas por error como demasiado jóvenes; otras decidirán que prefieren dejar de participar antes que entregar todavía más datos personales. 

Lleva un registro

Entre el reciente acuerdo con Meta y estos fallos del Undécimo Circuito, y pese a una amplia oposición, las restricciones por edad se están volviendo una realidad en el internet estadounidense. A medida que se apliquen estas leyes, necesitamos entender qué significan para las personas que tienen que lidiar con ellas. Y necesitamos dejar constancia de sus efectos sobre la expresión de todos para poder impulsar su derogación.

Si te encuentras con una restricción derivada de estas leyes que te afecta, lleva un registro, idealmente mientras tengas los detalles frescos. Las capturas de pantalla, junto con notas sobre la fecha y la hora, el servicio en cuestión y lo que intentabas hacer, serán de gran ayuda. 

¿Perdiste una cuenta o no puedes participar? Describe lo que perdiste. ¿Usabas un grupo para organizar un club, hacer voluntariado en tu comunidad o mantenerte en contacto con tus amigos? ¿Perder tu cuenta te dejó sin contacto con personas con las que no podrías comunicarte de otra manera? Aunque solo usaras la cuenta para informarte sobre noticias locales o seguir a tu creador de contenido favorito, eso sigue siendo una pérdida importante de tu derecho a acceder a información en línea.

Registra los problemas con la verificación de edad y el consentimiento parental. ¿Qué información te pidió el servicio? ¿Pudiste proporcionarla? ¿Rechazó tu prueba de edad o te clasificó de forma incorrecta? Si eres padre o madre, ¿pudiste dar tu permiso y qué tuviste que presentar? ¿Qué promesas hizo el servicio sobre lo que haría con los datos que te recopiló? Guarda las explicaciones que te den las plataformas o los servicios que contraten para verificar la edad, incluida cualquier ley que citen. Si decides apelar un resultado, registra también esos intentos. 

También puedes documentar tu decisión de abandonar un servicio. Si dejas una cuenta o un servicio porque no estás dispuesto a entregar un documento de identidad u otros datos personales, anota a qué renunciaste y por qué. No necesitas enviar información sensible para demostrar que las nuevas reglas te perjudican. 

Puedes escribir a agegates@eff.org

Si estas restricciones te afectan, te animamos a contactar a la EFF escribiendo a agegates@eff.org y contándonos más sobre lo que pasó. 

La EFF seguirá oponiéndose a las leyes que impiden a adultos y menores expresarse en línea, o que empujan a las personas a renunciar a su privacidad para participar en el mundo digital. Estos fallos recientes son un retroceso, pero no zanjan el debate. Al llevar un registro de las personas que pierden acceso, de las fallas en la verificación de edad y de las conversaciones en línea que ya no pueden darse, estaremos en mejor posición para impugnar las peores de estas restricciones, tanto en los parlamentos como en los tribunales. 

Mientras tanto, la EFF seguirá luchando por leyes que realmente nos hagan estar más seguros en línea, como poner fin a la vigilancia dañina que las empresas de redes sociales ejercen sobre todos los usuarios de internet. Seguiremos impulsando leyes que den a padres, hijos y a todos los usuarios de internet una capacidad real de elegir y controlar sus servicios en línea. Esos objetivos pueden hacernos a todos más seguros en internet, sin renunciar a nuestra capacidad de expresarnos y acceder a la información. 

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